jueves, 18 de diciembre de 2008

La Navidad de Luis

Señora, ¿cree que mi pobreza
llegará al final comiendo pan
el día de Navidad?

Leon Gieco.



Era la navidad del año pasado, en el Cusco, y me encontraba en esos días en los que tenía que hacerlo todo yo, otra vez, y para variar solo. Eran casi las cinco de la tarde y no habia hallado a una niñera que se encargue de Marcelo, asi que le puse su bufanda de lana, la que le hizo la abuela, con franjas azules y rojas, y me lo cargué conmigo a hacer las compras de navidad para los niños de la aldea en la cual trabajabamos.
Llevabamos casi una hora buscando los juguetes para los varoncitos, entre carritos de plástico y balones de fútbol descartables, y barbies de oferta, para las nenas, pues no teniamos mucho dinero, pero así todos estarían felices, el chocolate para la media noche, y los panetones, ¡¡¡que macana!!! y encima hacerlo solo.
Pasamos por el mercado central, eran casi las siete de la noche y de pronto apurado como estaba fui interrogado.

- Papi, ¿por qué llora ese niño? - me preguntó Marcelo con algo de intriga observando a un niño desprotegido que estaba llorando al pie de un poste de alumbrado público, desconsolado.
- Debe haber perdido algo hijo - le respondi medio evasivo pues sabia que continuaria con el interrogatorio si le daba pie - talvez no le compraron el juguete que queria.

Mientras caminaba de prisa sujetando a Marcelo de la mano derecha él daba tres pasitos por cada trancazo que yo daba, parecia una banderita flameando a mi lado, pero yo no tenía mente para nada más que para que el dinero me alcance para las compras de noche buena y no quedar mal con el comité. Marcelo parecia callado, pensativo, asi se mantuvo por unos minutos, mientras yo me las arreglaba con las bolsas grandes en la otra mano.

- Debe haber perdido la sonrisa - me dijo sin cambiar de entonacion.

Me detuve casi en seco, noté que mi pecho no tenia ganas de seguir inhalando aire, se resistía, un pequeño dolor anginoso acompañó mi sudor frio, y un leve mareo me vino a la cabeza, no era la falta de oxigeno, estaba seguro, era la falta de amor. Me volvi para ver a Marcelo quien se me quedó mirando serio con la cabeza inclinada y los ojos perplejos, no le cabía en la mente lo que veía, pero no me dijo nada mas. Casi sin pensarlo, volvimos donde estaba el niño, la mamá lo dejó alli mientras vendia su mercaderia en la acera del frente, tenia frío y no habia almorzado, era la víspera de navidad y nadie tenia tiempo para él, nos sentamos en la vereda junto a él, conversamos un rato, nos tomamos tres tazas de chocolate caliente de un vendedor que pasaba por alli, Marcelo le regaló la bufanda de la abuela, y su gorro que le hacia sudar el cabello, yo solo le dí un abrazo, no porque él lo necesitara ... lo necesitaba yo.






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3 comentarios:

  1. Tu hijo tiene a quien salir :)
    saludos, hermano

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  2. Gieco mostrandonos tan crudamente la realidad que muchos no quieren ver...

    Sos del Cusco?? que bonito lugar, hace 2 años vacaciones alli

    gracias por visitarme. Felicidades!!

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  3. no se por que salio asi la firma, soy http://porsiemprepeumayen.blogspot.com

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