domingo, 9 de noviembre de 2008

OJOS AZULES

Era el 20 de Diciembre de 1998, caía una llovizna casi diminuta, de esa que sabes que va a durar toda la noche pero que no empeorara, no hacia mucho frío, pero yo estaba helado, estaba vestido con un smoking negro, alquilado, y una ridícula corbata michi color rosa, idea de mi hermano, los zapatos nuevos me estaban estrangulando los dedos de los pies, y de vez en cuando los sacaba y los hacia descansar sobre el frio piso de piedra de la Catedral del Cusco notando que dejaba una huella húmeda que difícilmente se evanescia , caminaba de un lado a otro, sentía que el sudor de mis manos era insoportable y poco a poco comencé a sentir esa falta de aire que siente el novio antes de casarse. Camine hacia el gran portón de madera colonial exageradamente gruesa que mide mas de tres metros de altura, al girar la portezuela note que rechinaba en sus goznes y algunos se voltearon para mirarme, pensé en cómo los curas tacaños no podían comprar un poco de aceite para las bisagras con todo lo que cobraban por cada matrimonio como si la ceremonia fuera con el Papa, encendí un cigarrillo ya en aire libre. De pronto, como enajenado por el diablo, entre corriendo, haciendo sonar los tacos de estos zapatos malditos, desconcentrando a los músicos del coro que afinaban sus guitarras baratas, me acerque a mi novia que conversaba con los encargados del brindis después de la ceremonia y la tome del brazo.

- Tengo que viajar.
- ¿Que? – exclamó Gabriela con gran extrañeza – ¿a dónde?
- Te lo explico después, pero tengo que viajar ahora mismo, discúlpame con los demás, si?
- Estas loco?, es el matrimonio de tu hermano, has estado esperando esto por meses.
- Lo se, lo se, pero tengo que irme.
- Pero Alberto, a donde?, son las siete de la noche, ¿a donde irás?.
- A Arequipa.

La Plaza de Armas del Cusco es una de las mas hermosas de América, y por las noches las luces amarillas que hacen juego con las coloridas propagandas luminosas de los centros comerciales le dan un brillo especial, la gente caminando con chullos andinos de lana de oveja, llama, o alpaca en la cabeza, casi nadie lleva paraguas, y el piso de losas de cemento cuando esta húmedo da un reflejo como el mar del Plata, espectacular, uno puede quedar hipnotizado por ese panorama. El problema es que la mayoría de los zapatos resbalan cuando el piso se humedece con la lluvia, y cada hora siempre cae uno.

Salí corriendo casi sin mediar palabra con nadie mas, no sabia que iba a hacer, ni siquiera sabia adonde exactamente iba a ir, solo sabia que tenia que tomar el bus hacia Arequipa y de allí ya vería. Siempre fue así, mi vida de viajero me ha llevado a rumbos desconocidos a lo largo y ancho del Perú, solo con una mochila, una casaca y mi guitarra, casi sin dinero, y siempre decidía que iba a hacer después de haber tomado el bus, ella me lo enseño. Me di un resbalón al bajar las gradas que llevan a la plaza y sentí como se desgarraban los músculos de mi pierna derecha, pero afortunadamente caí casi debajo de un pequeño Tico amarillo que hacia taxi, así que le dije – llévame al Terminal de buses – y subí casi arrastrándome y con el pantalón del traje mojado, no importa, casi no lo sentía. Las distancias en Cusco son cortas así que antes de que me diera cuenta de que no llevaba abrigo habíamos llegado al Terminal, baje corriendo y el chofer me grito – Eh, son tres soles -
No tenia dinero!!! Le deje todo el dinero a Gabriela para pagar el Champagne, solo cargaba la tarjeta del banco, así que para no dilatar el tiempo, cogi mi reloj Q&Q de 25 lucas y se lo di a cambio de la tarifa creyendo que quedaría satisfecho, pero se dio el lujo de refunfuñar y se fue. Camine por el pasillo casi sin escuchar lo que decían los “jaladores” de las empresas de transportes: “Arequipa 35 soles” “Juliaca 25 soles”, "Lima, Lima, 50”, todos ofrecían, y eran buenas ofertas, pero yo iba tan distraido que cuando me di cuenta ya estaba marcando el código de mi tarjeta en una empresa llamada “El Ángel del Abismo”.
Compre el pasaje, el bus salía a las ocho de la noche así que me quedaba media hora. Compre lo habitual, mis pastillas para el mareo, una coca cola de medio litro, y unos chocolates “sublime” ese era mi equipaje de viajero. Subí al bus, ubique mi asiento el cual estaba al lado de una señora de gran volumen que parecía increíble que encajara en todo el asiento, y encima llevaba a una niña de dos años sobre sus piernas, que ya empezaba a lloriquear por un dulce que se le estaba negando, maldije mi distracción, con razón era tan barato el pasaje, busque a alguien a ver si me querían cambiar de sitio pero era utópico, así que hable discretamente con la terramoza, que estaba mal vestida y despeinada, y que apenas pronunciaba bien el castellano, para ver la posibilidad de ir en otro asiento. Ingenua mi esperanza, pues en estas fechas los buses están mas que llenos, así que trate de acostumbrarme a la idea de pasar la peor noche de mi vida, pues el viaje duraba casi 12 horas, toda la noche, me acomode, rechace la oferta de la señora de prestarme una manta para cubrirme (aunque me arrepentí dos minutos después), me tome una pastilla para el mareo, pero al ver a la niña que le jaloneaba el cabello a su madre sin que esta se inmutara me tome la otra mas.
Tomado de "Ojos Azules"

1 comentario:

  1. Inicio, trama o final, interesante el parrafo, pero puedes poner el autor de la obra?

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